• Luciana Argañaraz
    Psicóloga Clínica UBA

Amor versus Dependencia emocional

Comenzamos con una pregunta, tal como en nuestra labor habitual en el consultorio: ¿Cómo podríamos pensar la diferencia entre ambos estados afectivos? Si pensamos en el amor imaginamos situaciones, emociones que evocan en nosotros un estado de bienestar, satisfacción, nos encontramos en comunión y nos sentimos en armonía con el otro porque vemos nuestro mutuo crecimiento, el aprendizaje y eso nos produce sensaciones de gran armonía: Amamos y nos sentimos amados. Si hablamos de dependencia emocional podemos pensar en aquellas otras situaciones que remiten a períodos de una tensión permanente, no sólo con nosotros mismos sino con los que nos rodean, logrando muchas veces despojarnos de nuestro centro, nos tornamos confusos e inseguros respecto de todo, sentimos que la desolación se apodera de nosotros y no encontramos el rumbo. ¿Qué sucede en nuestro interior cuando estamos ubicados en uno u otro escenario, ¿por qué ocurren de esta manera? Se trata de dos contextos diferentes uno está dado por la SATISFACCIÓN y el otro contrariamente por MALESTAR. Es dificultoso pero imprescindible a la vez realizar un auto cuestionamiento, parar un poco con la queja hacia el otro y mirar adentro: Es allí donde algo pasa para que todas las emociones negativas, la falta de atención al otro que se transforma en reproche, la sensación de no ser amado o no ser tenido en cuenta ni valorado, se vuelvan casi una obsesión. Si pensáramos estas situaciones como eventuales en la relación de pareja o con amistades, no habría de qué preocuparse dado que suelen ocurrir alguna que otra vez; no obstante, el conflicto surge cuando estas demostraciones son recurrentes hacia la mayoría de las personas que conforma nuestro círculo íntimo. Y peor aún, que siendo conscientes de esto no podemos hacer nada para contrarrestarlo. ¿Qué es lo que no anda bien? Pasemos a continuación a analizar algunas de las trabas internas que podrían estar obstaculizando disfrutar, brindarse más y mejor a los vínculos: -Miedo a la soledad. Este es un temor harto frecuente en nuestra sociedad: Una sociedad cuya cultura nos provee constantemente de estímulos que nos atrapan y nos hacen abstraernos de nosotros mismos, (celular, ordenadores, tablets, propaganda televisiva, bombardeo informativo para el consumo, etc), generando así un extrañamiento de mi mismo, es decir, qué siento, qué quiero, qué me está pasando parecieran no tener lugar. Es ahí donde nos invade una sensación de temor existencial, en donde nos sentimos lejanos y ajenos de nosotros mismos pero también DE LOS OTROS: Aquí comienzan los reproches, las discusiones, la pelea, empezamos a echar culpas que quizás no tiene el otro, sino que deberíamos posar la mirada en nosotros. ¿Qué puedo hacer para no molestar a mi semejante?, ¿Cómo ver crecer la relación en lugar de arruinarla?, ¿Soy capaz de conocerme a mí mismo como para encontrar en mí algo que me apasione y me conecte más y mejor conmigo y los otros? He ahí las preguntas necesarias para ejercitar esta cuestión y empezar a salir del conflicto. -Sensación de vacío interior. En este punto pensamos en conflictos emocionales graves, tal vez posibilitados por traumas afectivos en la época de la infancia que no han sido resueltos de modo medianamente satisfactorio, algo que quedó marcado en nosotros de una manera poderosa, puede perfectamente estar influyendo en mí mismo y en mis vínculos; a saber, no encuentro motivaciones, no sé qué quiero hacer con mi vida, qué estudiar, de qué trabajar, hacia dónde proyectarme. Dado que la relación que estamos manteniendo con nosotros mismos es fundamental para proyectar nuestras modalidades de vinculación con los demás, esto también se ve inevitablemente entorpecido: No sé qué quiero del otro, no me identifica ninguna clase de amistad ni de vínculo y pareciera que cada vez más me alejo de los otros. Pero sucede que tampoco puedo estar sólo porque caigo en un pozo de angustia y sensación de vacío que no me deja ver ninguna luz en el horizonte. Entonces, ¿cómo operamos en estos casos? Vamos a tratar de percibir qué conflicto interno y de grandes resonancias en lo psíquico, está imposibilitando desarrollar nuestra capacidad afectiva, tanto con los otros como con nosotros mismos. -Inseguridad/Autoestima baja. Aquí resuena siempre preguntas como, ¿No me quiere, No quiere compartir cosas conmigo, me ve mal, feo, soy desagradable a sus ojos? Y por supuesto los celos que pueden muchas veces llegar a extremos patológicos como ser perseguir a la persona, asfixiarla con interrogatorios, ver cosas que nadie más que uno ve y que no están ocurriendo en la realidad, etc. Lo qué está sucediendo acá, ¿es simple posesividad o solo se trata de ser dominante y querer controlar todo, o hay algo más escondido por ahí? Quizás es oportuno pensarlo desde el lugar siguiente: No es tanto el otro qué piensa de mí, cómo me ve o si me es fiel, sino cómo yo me estoy viendo a mí mismo. Y muchas veces radica ahí la cuestión, muy difícil por cierto pero que casi siempre responde a un miedo fuertemente arraigado que nos ubica en la posición de muchísima inseguridad; Acá es donde podemos invertir la pregunta y decir: ¿Por qué no puedo confiar en m&iacte; mismo y en mis posibilidades? ¿Por qué en lugar de vivir dudando y sospechando de todos, no redirijo mi mirada a pensar qué está sucediendo en mi ser? De lo dicho hasta aquí, notará el lector que hicimos poca mención acerca del amor. ¿Por qué?, por todos los escollos que en la vida tenemos que atravesar y resolver para poder llegar hasta ahí: Inseguridades, celos, autoestima disminuida, dependencia afectiva y vacío, celos y reproches, y la lista contin&uacte;a. El amor es el punto de llegada de un verdadero trabajo artesanal con nuestro propio ser y nuestro interior. Así y sólo así podremos aceptar al otro con sus defectos y sus virtudes, respetarlo, ser pacientes, crecer y brindarnos satisfacciones mutuamente. Hagamos la prueba e intentemos aunque nos cueste, volver a uno y revisar la propia percepción que tenemos de nosotros mismos para poder trabajar qué sucede con eso. Desde ya que todo lo que más nos cuesta será al final del trayecto lo que aporte mejor recompensa; no olvidemos que tener vínculos sanos con el otro, nos hará sentir plenos.

Capitalismo y subjetividad

En estos tiempos posmodernos estamos invisiblemente sometidos al amo del capitalismo que rige y atraviesa nuestras existencias. Este patrón tirano procede fabricando subjetividades, lo cual significa psicológicamente hablando, descentrarnos de nosotros mismos para hacernos entrar en la órbita de las demandas y deseos del mercado y los otros, para que lo que ahí cobre sentido sea LO QUE TENGO QUE HACER/LO QUE DEBO HACER; ya que son impuestos por la sociedad, la religión, la madre, e infinidad de exigencias ajenas más.Esta órbita nos encierra en una burbuja tal que SI NO CUMPLIMOS a dichos amos, sobrevienen los sentimientos de culpa y angustia, en donde la depresión y y las adicciones, son las formas clínicas que dominan hoy por hoy. Por supuesto que el amor y el campo de las relaciones vinculares tampoco escapan a esta lógica del amo que nos viene a ofertar nuevas formas de entender al amor y al otro. La lógica sería la siguiente: El amo ordenador que impone vínculos humanos, como si fueran empresas. Desde una concepción mercantilista, el amor como mandato domina la escena y vemos al otro como alguien que tiene que venir a completarme, debe tenerlo todo y aportarme se resto que me falta. Pero, ¿Qué ocurre ante la realidad de que todos estamos en falta? La falta, ese agujero estructural es lo que nos consyituyó desde el principio de la vida como seres humanos y sin ese vacío constitutivo no habría DESEO;EL DESEO ES FUNDADO POR LA FALTA Y ES PRECISAMENTE ESTA FALTA LA QUE NOS HACE CAMINAR, DESEAR, PROYECTAR, DIFERENCIARNOS Y ENCONTRARNOS EN NUESTRA PROPIA SINGULARIDAD. Volvamos a lo vincular, si ambos integrantes de la pareja estamos constitutivamente en falta eso sólo indica que la completud es una ilusión, un imposible radical desde el cual es una quimera pretender que el otro venga a completarnos. En este sentido, mucho más realista sería pensarnos como dos seres que se apoyan mutuamente, cada uno desde su propia falta, y podamos aprender a sobrellevar esto juntos. El desafío que se nos presenta es entonces, ¿y si cambiamos la mirada y nos animamos a decontruir esos muros absurdos que nos separan del otro?, Deconstruir esta falsa idea de completud ofertada por un sistema que redunda en egoísmo e individualismo, sería un interesante reto; animarse a desterrar de raíz la idea del amor como mandato/empresa en todos los vínculos amorosos, pareja, familia, amistades, para entender al amor desde lo que es en su esencia: Una posibilidad de creación y construcción entre dos. La resultante seguramente va a ser sentirnos más libres y auténticos, tanto con nosotros mismos como con el otro.

© 2019 Psicoarg.com.ar - Todos los derechos reservados.
Caballito - Ciudad Autónoma de Buenos Aires.